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Andy López Beltrán frente a Washington: una señal que va más allá de una visa

“ARE YOU ENJOYING THE SHOW…? REFILL YOUR POPCORN… YOU’LL LOVE THIS NEXT PART.”

No es una cita textual de Christopher Landau. Pero, si tuviéramos que traducir al lenguaje coloquial la señal que Washington parece estar enviando en medio de esta controversia, bien podría resumirse así:

“¿Están disfrutando el espectáculo? Rellenen sus palomitas… porque quizá lo que sigue sea todavía más interesante.”

La reciente controversia alrededor de Andrés Manuel López Beltrán, su carta dirigida al presidente Donald Trump y sus señalamientos contra Marco Rubio y Christopher Landau me llevó a conversar con un viejo amigo, compañero desde nuestros años en el Colegio Americano, que desde hace décadas vive en San Francisco, California.

Vamos a llamarlo Bob, aunque desde niños nosotros lo conocemos como “Pachín”. Periodista de profesión y observador durante décadas de la relación entre México y Estados Unidos, nuestra conversación terminó convirtiéndose en una interesante lectura sobre algo mucho más amplio que la cancelación de una visa:

¿Qué mensaje está enviando realmente Washington a la clase política mexicana?

TEXTO DEL ARTÍCULO

Una conversación entre viejos amigos

Todavía conservo varios amigos de mis años en el Colegio Americano. Uno de ellos vive desde hace décadas en San Francisco, California.

Como hemos hecho tantas veces, comenzamos hablando de política y de la relación entre México y Estados Unidos. Esta vez le pregunté qué pensaba de la carta de Andrés Manuel López Beltrán dirigida al presidente Donald Trump y de sus fuertes señalamientos contra Marco Rubio y Christopher Landau.

Pachín lleva décadas observando y escribiendo sobre la relación diplomática entre México y Washington. Por eso me interesaba especialmente su interpretación.

Su lectura fue mucho más allá de la controversia inmediata.

Más que una visa

Para Pachín, uno de los errores sería interpretar todo este episodio simplemente como una disputa personal.

Una visa estadounidense no constituye un derecho automático. Su otorgamiento y eventual revocación corresponden a las autoridades de Estados Unidos conforme a sus leyes y procedimientos.

Por eso, cuando una controversia consular termina convirtiéndose en un enfrentamiento político público, la discusión deja de ser únicamente migratoria.

Se convierte también en un mensaje político.

Y ahí es donde aparece la metáfora del espectáculo:

“Are you enjoying the show? Refill your popcorn… you’ll love this next part.”

Insisto: no estoy atribuyendo estas palabras a Christopher Landau.

Las utilizo como una forma coloquial de representar la lectura que surgió durante nuestra conversación: la sensación de que este episodio podría no ser necesariamente el final de la historia.

¿Qué podría estar diciendo Washington?

La interpretación de Pachín es que Washington está mostrando que sus decisiones consulares no serán negociadas mediante presión política o declaraciones públicas.

Pero él va todavía más lejos.

Considera que el tono de la relación entre ambos países está cambiando y que asuntos como seguridad, narcotráfico, migración, lavado de dinero y cooperación bilateral tendrán cada vez mayor peso en las decisiones de Washington respecto de México.

Eso no significa que una cancelación de visa pruebe por sí misma la existencia de un delito, una investigación criminal o una relación con organizaciones ilícitas.

No sería responsable afirmarlo sin pruebas.

Pero tampoco significa que debamos ignorar el contexto político en el que están ocurriendo estos acontecimientos.

Cuando la diplomacia cambia de lenguaje

Durante décadas, buena parte de las diferencias entre México y Estados Unidos se manejaban mediante comunicados cuidadosamente redactados, reuniones privadas y un lenguaje diplomático extraordinariamente medido.

Hoy vivimos otra época.

Las redes sociales han cambiado la política.

Un mensaje breve puede producir más impacto que un memorándum diplomático de diez páginas.

Una frase irónica, una publicación o incluso un silencio pueden convertirse inmediatamente en mensajes políticos interpretados por gobiernos, periodistas, inversionistas y ciudadanos.

Y quizá eso sea precisamente lo interesante de este episodio.

No solamente lo que se ha dicho, sino también lo que cada parte entiende detrás de lo dicho.

La preocupación de fondo

Existe además un tema mucho más delicado en la relación bilateral: la preocupación estadounidense por el poder de los cárteles mexicanos y por las posibles redes políticas, empresariales y financieras que pudieran facilitar sus operaciones.

Este asunto trasciende partidos políticos y administraciones.

Durante años, Washington ha presionado a México para aumentar la cooperación en seguridad, combatir el tráfico de drogas y armas, perseguir operaciones financieras ilícitas y fortalecer el Estado de derecho.

Por ello debemos ser particularmente cuidadosos.

Una cosa es reconocer que estos temas forman parte central de la agenda bilateral y otra muy distinta presentar como culpable a una persona determinada sin que existan pruebas públicas que lo demuestren.

¿Qué viene después?

Aquí regreso a aquella frase con la que comenzamos:

“Refill your popcorn…”

Quizá no venga nada.

Quizá este episodio termine siendo únicamente una controversia diplomática más entre dos países condenados por geografía, economía e historia a entenderse.

O quizá Pachín tenga razón y estemos viendo apenas una pequeña parte de un cambio mucho más profundo en la manera en que Washington se relacionará con determinados integrantes de la clase política mexicana.

El tiempo nos dará la respuesta.

Pero algo me parece evidente: México y Estados Unidos están entrando en una etapa diferente de su relación.

Una relación probablemente más directa, menos ceremoniosa y mucho más condicionada por los grandes temas de seguridad.

Y cuando dos países que comparten más de tres mil kilómetros de frontera comienzan a modificar el lenguaje con el que se hablan, vale la pena escuchar no solamente las palabras…

sino también los silencios.

El Abuelo Armando

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