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¿Por qué millones siguen apoyando a Morena?

Una explicación desde la psicología política y las ciencias de la conducta

Por El Abuelo Armando

La profunda división política que hoy vive México no puede comprenderse únicamente desde la economía, la ideología o la administración pública. También debe analizarse desde las ciencias de la conducta: la psicología política, la antropología, la sociología y la neurociencia.

Este ensayo no pretende emitir un juicio moral sobre quienes apoyan o rechazan a un proyecto político determinado. Su propósito es comprender, desde una perspectiva científica, por qué una parte importante de la población mantiene una fuerte lealtad hacia Morena aun frente a hechos que sus críticos consideran evidencia de malas prácticas o deficiencias de gobierno.

La pregunta central es la siguiente:

¿Qué mecanismos psicológicos y sociales explican que millones de ciudadanos mantengan una lealtad política tan sólida incluso cuando existen evidencias que parecen contradecir sus expectativas?

La identidad como refugio cognitivo

Una de las explicaciones más importantes proviene de la Teoría de la Identidad Social.

Cuando un proyecto político deja de percibirse simplemente como un gobierno y comienza a representar la identidad de un grupo social históricamente ignorado o marginado, la crítica al gobierno deja de interpretarse como una evaluación administrativa y pasa a sentirse como un ataque personal.

En estas circunstancias, el ciudadano ya no defiende únicamente políticas públicas: defiende una parte de sí mismo.

La pertenencia por encima de la eficiencia

Las ciencias del comportamiento muestran que las personas solemos proteger al grupo con el que nos identificamos.

Desde la psicología evolutiva, el cerebro favorece al llamado endogrupo (el propio grupo) y desarrolla mecanismos para justificar sus acciones.

Cuando aparecen noticias sobre corrupción, ineficiencia o malas decisiones, muchas personas no modifican inmediatamente sus creencias. En cambio, reinterpretan la información para mantener la coherencia con su identidad previa.

Este fenómeno es conocido como razonamiento motivado o disonancia cognitiva.

El refuerzo conductual

Desde la psicología del aprendizaje, las recompensas periódicas fortalecen la permanencia de determinadas conductas.

Los programas sociales y las transferencias económicas pueden funcionar, desde esta perspectiva, como reforzadores constantes que generan una asociación positiva con quien los otorga.

Más allá del monto económico recibido, el mensaje psicológico puede ser incluso más poderoso:

“Alguien finalmente piensa en mí.”

Cuando una emoción positiva se asocia repetidamente con un liderazgo político, romper ese vínculo mediante argumentos racionales resulta considerablemente más difícil.

La construcción del enemigo

La psicología política ha documentado que los grupos fortalecen su cohesión cuando se definen frente a un adversario común.

Cuando el discurso público identifica permanentemente responsables externos de los problemas nacionales —las élites, gobiernos anteriores, opositores, empresarios o medios de comunicación— se crea una narrativa donde el grupo se siente unido por una misión compartida.

Mientras la atención permanece enfocada en el adversario, disminuye el espacio psicológico destinado a evaluar objetivamente el desempeño gubernamental.

Fatiga cívica y resignación

Otro elemento importante es el llamado desamparo aprendido.

Después de décadas de decepciones políticas, muchos ciudadanos desarrollan la percepción de que “todos los gobiernos son iguales”.

Cuando esta idea se instala, el apoyo a un gobierno puede dejar de ser una elección basada en expectativas de excelencia para convertirse en una decisión pragmática:

“Si todos son iguales, prefiero al que al menos me toma en cuenta.”

Dos realidades psicológicas

Quizá la consecuencia más profunda de esta polarización sea que millones de mexicanos terminan interpretando los mismos hechos desde marcos mentales completamente distintos.

Para unos, determinadas decisiones representan errores graves de gobierno.

Para otros, esas mismas decisiones simbolizan un proceso de justicia histórica.

No necesariamente observan una realidad distinta; interpretan la misma realidad desde sistemas de creencias diferentes.

¿Qué podría romper esa lealtad?

La psicología política sugiere que los cambios de opinión rara vez ocurren por una sola noticia o por un dato económico aislado.

Con mayor frecuencia aparecen cuando coinciden varios factores:

  • Una percepción de traición a los valores fundamentales del movimiento.
  • Problemas cotidianos que afectan directamente la calidad de vida.
  • Deterioro simultáneo de seguridad, economía y servicios públicos.
  • Pérdida de credibilidad de los liderazgos.
  • Que miembros respetados del propio grupo comiencen a expresar públicamente su desencanto.

Cuando el costo emocional de continuar apoyando al proyecto supera el beneficio psicológico de pertenecer al grupo, la identidad política puede comenzar a transformarse.

Una reflexión final

Las sociedades democráticas requieren ciudadanos capaces de analizar los hechos con espíritu crítico, independientemente de sus preferencias políticas.

Comprender los mecanismos psicológicos que influyen en nuestras decisiones no significa descalificar a quienes piensan distinto. Por el contrario, permite entender por qué la polarización se vuelve tan intensa y por qué resulta tan difícil construir consensos.

La historia demuestra que ningún proyecto político es permanente cuando las instituciones funcionan, existe libertad de expresión y la ciudadanía conserva su capacidad crítica.

Más allá de simpatías o diferencias ideológicas, el mayor desafío para México consiste en fortalecer una cultura política basada en el análisis, el respeto y la responsabilidad democrática.

El Abuelo Armando

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