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¿Puede un Mundial de Fútbol unir a los mexicanos?

Por El Abuelo Armando

Cada cuatro años, millones de mexicanos dejamos por un momento nuestras diferencias para compartir una misma ilusión: ver triunfar a nuestra Selección Nacional.

Se estima que más de 60 millones de mexicanos seguimos la Copa Mundial de la FIFA. Durante unas semanas hablamos del mismo tema, celebramos los mismos goles y sufrimos las mismas derrotas. Pareciera que, por un instante, volvemos a ser un solo país.

Nelson Mandela decía:

“El deporte tiene el poder de cambiar el mundo. Tiene el poder de inspirar. Tiene el poder de unir a la gente como pocas cosas lo hacen.”

Siempre he admirado esa frase.

Sin embargo, me pregunto si realmente aplica al México de hoy.

Vivimos una etapa de profunda polarización política. En mi opinión, el país se encuentra dividido entre quienes respaldan al actual gobierno y quienes no comparten su proyecto. Esa división ha llegado a las familias, a los grupos de amigos y hasta a los lugares de trabajo.

Durante un Mundial, esa realidad parece desvanecerse.

El fútbol nos une mientras existe la esperanza del triunfo. Nos une la emoción, el orgullo de vestir los colores nacionales y la ilusión de avanzar un partido más. Durante noventa minutos dejamos de lado nuestras diferencias y recordamos que, antes que cualquier otra cosa, somos mexicanos.

Pero esa unidad suele ser pasajera.

Cuando termina el torneo, regresan las discusiones políticas, las diferencias ideológicas y la confrontación que ya existía antes del primer silbatazo.

Por eso vale la pena preguntarnos:

¿Puede realmente un evento deportivo construir la unidad de un país?

Creo que no.

Los grandes eventos deportivos nos regalan momentos inolvidables de convivencia y orgullo nacional, pero difícilmente pueden resolver las divisiones profundas de una sociedad.

La verdadera unidad no nace en un estadio.

Nace cuando existe confianza entre los ciudadanos y sus instituciones; cuando la ley se aplica por igual para todos; cuando hay oportunidades para trabajar, progresar y vivir con seguridad; cuando el gobierno cumple lo que promete y actúa pensando en el bienestar de toda la población.

Un buen gobierno no divide.

Un buen gobierno busca puntos de encuentro, fortalece el Estado de derecho, protege a los más vulnerables, combate la violencia y crea las condiciones para que millones de mexicanos puedan construir un mejor futuro mediante su trabajo y esfuerzo.

Solo así podremos hablar de una verdadera unidad nacional.

Mientras tanto, el Mundial seguirá regalándonos emociones extraordinarias y momentos que quedarán para siempre en nuestra memoria.

Pero, lamentablemente, cuando el árbitro marca el final del último partido, también suele terminar esa breve sensación de unidad que tanto anhelamos como país.

Son simplemente las reflexiones de un abuelo que aún cree que México siempre puede ser mejor.

— El Abuelo Armando

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